26.4.05

Hola Hola que tal...estamos acá con Carli, Lu y Ana investigando el blog. Morfeo no participa, es un egocéntrico, solo quiere que le demos bola a él. Algún post le dedicaré.

Besos a Enzo, que es el único que me lee...

21.4.05

Tengo que matar a Malala

Es así. Tengo que matar a Malala. De nada han servido todas las técnicas de relajación, ni el psicoanálisis, ni la charla cafe mediante con amigos, nada. Simplemente tengo que matarla. Mis días comienzan relativamente bien, a decir verdad. Mucho mejor que antes. Me levanto con buen humor, escucho radio, charlo con mi gato... me vengo caminando por las veredas hermosas, llenas de otoño y olores y colores... La oficina es agradable, calentita, tengo internet a disposición, una radio, una ventana fabulosa, un escritorio gigante, puedo leer el diario, los diarios, revisar el correo... Pero no. Solo al subir la escalera y ve rmi escritorio puedo oler el rastro de este ser detestable, que me irrita como ninguno en el universo. Debo admitir, soy bastante irritable, pero Malala tiene arte y persistencia para sacar lo peor de mí.
La ODIO. El sonido de su voz por las mañanas, mientras me acerco al escritorio (que justo ayer, antes de irme, había dejado impecable de papeles, listo para una nueva jornada de agitación) es una brisa del infierno. Eso, y ver que ha pasado y volcado todo lo que es incapaz de hacer sobre mi mesa, llenándola de mensajitos en papelitos de colores, pilas de expedientes para guardar, escritos para corregir, anotaciones que agenda a medida que se le ocurren ("1) llamar a Perez - 2)Llamar a Perez por la mañana - 3) No olvidar llamar a Perez, es URGEENNNTEEE!" - "4) Hay que llamar a Perez para saber si va a pagar en Diciembre o en Enero del año próximo") y encima escucharla, taconeando por el pasillo, viniendo directo hacia mí, a decirme "Te dejé agendado que llames a Perez, es muy urgente" y luego el "ahh, buenos días, perdón".
Tengo que matarla. Lenta y dolorosamente.

18.4.05

La Casa en el Mar


NaNa querira:
Te escribo desde tierras muy lejanas. Se que ha sido largo el viaje, y que no nos hemos visto, la distancia física hace esas cosas con la gente. No he podido comunicarme: ya en la carretera no tenía señal mi teléfono celular y mas adelante en el camino he decidido tirarlo por la ventanilla, porque no me comunica con la gente, me incomunica con el mundo.
Por estos lados las cosas son un tanto diferente: todo respira en un ritmo de paz, que se nota en el olor del aire al llegar. Había olvidado por completo que el aire tenía olores y colores y sabores y texturas; pero ni bien frené el autito y puse un pié sobre esta tierra, todo lo que creí que mi niñez se había llevado consigo ha vuelto de un coletazo. Con decirte que me paré erguida en el piso de mi nuevo hogar y no pude contener las ganas de llorar.
La casa está vieja, como era de esperarse; pero es de ese tipo de casas inglesas de fines del siglo pasado (bah, del anterior), toda madera y materiales que por supuesto no conozco; pasé por la ferretería del pueblo (que queda un tanto alejado, gracias a Dios) y con algunas pavadas ya he solucionado el tema de los agujeros. Me quedan las cañerías, pero por el momento me la aguanto, ya que la cocina y el baño de abajo funcionan las mil maravillas. ¡Si pudieras ver! Por las ventanas de la cocina y la sala de estudios, y desde mi cuarto también, se ve el mar, todo el mar, el mar en su más pura expresión. No hay nada, no hay barcos, ni turistas, ni pescadores. Solo hay mar y arena y acantilados y un faro viejo que ya no sirve, más allá. Hay gaviotas, hay ballenas (si! ballenas! las veo desde la terraza!) y nada, o bueno, debería decir "todo".
Morfeo se ha acostumbrado bien, se la pasa de gato salvaje metido en el jardín. Menos mal que es otoño, así tengo tiempo de dedicarme a limpiarlo y ponerlo en condiciones de resistir el invierno, que me dijo la panadera (un encanto de mujer) se pone "peludo". La casa estaba amueblada, tiene hasta un piano con tres teclas que no funcionan, pero no importa, tiene muchos libros en inglés, novelas, incluso debe haber algunos incunables, pero la biblioteca es demasiado grande y no la he podido recorrer toda. Lo que sí pude recorrer es la playa bajo el acantilado, es pequeña pero limpia y serena, hay ramas de árboles viejas y resecas, y me siento ahí con Morfeo, a disfrutar de este paraíso. Me vieras, no puedo quitarme la ciudad de encima, todavía, y hace un poco de frío, así que ando con las zapatillas, el jean, la polera y pullovers negros, los lentes de sol, el saco de cuero, y un palo en la mano. Parezco una mala versión de Matrix. Ayer me enconré con unos nenes jugando en la orilla del mar y ni bien me vieron huyeron espantados. Tengo que admitir que parezco una aparición. Ya se me pasará.
Te preguntarás como estoy. Bueno, estoy bien. Gracias a Dios, desde que mandé a la mierda la oficina y la carrera y a mi familia y a Gustavo y compañía y a ... bueno, ya viste, a casi todos, he vuelto a dormir como un bebé. No he dejado de fumar, pero ahora me doy el lujo de fumar armados cuando se me canta la real gana. Leo mucho, muchísimo: en la sala de estudio, junto al ventanal hay una mecedora, y ahí me paso las tardes, mate en mano, leyendo. Escucho música (no tengo corriente, pero la casa tiene un generador fabuloso que me permite esos vicios que no puedo dejar), ya he tenido mis clases de Jazz, de Blues, de Tango, y ahora estoy aprendiendo música clásica de unos discos de pasta que encontré en un armario. Fantástico
También estoy escribiendo, pero como siempre, son huevadas, nunca llegan a nada interesante. Tengo una olivetti vieja y ruidosa, y me encanta. En el pueblo hay un ciber, desde ahí te estoy mandando este mail, pero trato de bajar lo menos posible, la mayoría de las cosas me las envían o las traigo una vez por mes en la camioneta (ah!, porque cambié el autito por una ford viejísima, debe tener mi edad, es negra y rotosa pero anda que da calambre). Los días son lo suficientemente largos para aprovecharlos, y lo suficientemente cortos para sorprenderse cuando hay que prender las luces. Tengo un (esto no lo vas a creer) ¡SOTANO!, si un sótano con la caldera y el lavarropas (ese me lo traje yo, está todo bien con la soledad y la lejanía y el volver a Sol, pero ni loca voy a lavar a mano) y un montón de huevadas, es buenísimo, hasta tiene una barra con licores y otras cosas, y debe haber ratones seguro, pero no los ví. Ya Morfeo se encargará. También tengo un altillo, ese está muy bueno, si creías que la casa era vieja, habría que ver el altillo, está lleno de baúles con huevadas tan tan añejas que me da miedito tocarlas. Sería un paraíso para vos, hay puntillas que en tu vida te hubieras imaginado, sombreros, chales, vestidos, trajes, no se quien carajo vivía acá pero tenía su dinerillo y le gustaba la buena vida. Hay todo un juego de cristalería divino, lo estoy limpiando cuando hace mucho frío para salir pero no el suficiente para acovacharme al lado de la estufísima (jejeje) a leer.
¿Que más te puedo contar? Tengo unos espejos grandísimos, una cama con "techito" (no se como se llama ese toldo de tela que se le pone encima, creo que baldaquino, pero no estoy segura) una bañera donde entro yo y un par mas, con patitas (sí! con patitas!) una cocina inmensa, una alacena que tiene el tamaño de la habitación que tenía en mi ex-departamento en Neuquén, y escuchate esto porque te caés de culo: UNA BODEGA SUBTERRANEAAAA!!! El tipo que me vendió la casa no la debe ni haber visto, está llena de vinos franceses que tienen como cien años, es una barbaridad esta casa, no puedo creer que me la hayan cambiado por mi depto pelo a pelo. Tengo una glorieta, un jardín de invierno, cinco habitaciones, tres baños, el sotano, el altillo, la galería del frente, el patio de tierra, un patio más pequeño de adoquines, el garaje, la cocina, la alacena, la sala de estudios, el recibidor, la sala de estar, el comedor... es inmensa!! no se puede creer!! pero está bien construida, uno no se siente ni perdido ni solo... bueno, yo no me siento ni perdida ni sola, me siento mucho mas ubicada que metida en mi cama en el departamento de Neuquén.
A la casa se llega por un camino de tierra. Hay que pasar un bosquecito, de esos varios que hay por estos sitios, y luego seguir bordeando el mar hasta que se abre, luego de una curva, una explanada con un pequeño bosque artificial (te das cuenta porque tiene otros colores). Bueno, esa es mi casa. El frente da a ese jardín, y el contrafrente está todo de cara al mar. Es un laburo las ventanas, pero no importa, porque es un consuelo saber que solo levanto los ojos y lo tengo ahí. El patio de adoquines está sobre el costado derecho (parados frente a la casa) y el patio de tierra y plantas y flores y etc. está sobre la izquierda. Bueno, no se, no me voy a ir en descripciones, es maravillosa, que te puedo decir. No tengo teléfono, no tengo tele, no tengo microondas, no tengo todas esas cosas que no necesito.
Estoy bien. Por primera vez desde que empecé a crecer, estoy bien. No he vuelto a tener asma, me agito un poco por las noches, pero pasa rápido. Hago mucha vida al aire libre, voy y vengo entre el bosquecito y el mar, limpio la casa, arreglo los patios, trabajo con la caldera y las cañerías, hasta donde sé. La casa está hecha una pinturita, le faltan unos detalles que necesitan el toque masculino. Estoy pintando porquerías (en uno de los cuartos me armé un atelier) pero pinto, estoy escribiendo pavadas pero escribo, estoy cocinando a raudales, he experimentado todos los guisos posibles y ahora ahondo en la "high cuisine" en la medida en que el almacén del pueblo me lo permite. No engordé un gramo, al contrario, estoy flaca y elástica, parezco Morfeo, No se me cae más el pelo, no tengo un solo granito más... los huesos duelen un poco, sobre todo con la humedad, pero me manejo bien. Los nenes que el primer día huyeron de mí ahora se quedan a tomar la leche y a jugar, jugamos mucho, nos disfrazamos, nos revolcamos en la alfombra de la sala... los padres son tres parejas de chicos jóvenes, mas o menos de mi edad, que viven por acá cerca, no vienen mucho pero pasan de cuando en cuando, trabajan todo el día en el pueblo, así que estos chicos están criados a la buena de Dios. Si les vieras las caritas y los ojos, como les brillan. Dichosos.
Bueno, para que te lleves la última postal (porque esta carta se ha hecho demasiado larga ya) ayer se nubló por la mañana, llovieron unas gotas hasta el mediodía, y a la siesta salió el sol con todo el esplendor. Me calcé los jeans, el pullover gordo de cuello, el blanco que me hizo mi vieja, me puse el saco de cuero que vos y yo amamos pero que hay que tirar, los lentes de sol, y me asomé a la galería que recorre el segundo piso. Me apoyé sobre la baranda a mirar la tormenta que se iba metiendo en el mar, las ballenas allá, lejos, las gaviotas jodiendo en la orilla, el faro despintado, los acantilados, y mas acá Morfeo saliendo al patio con aire de leon y cautela de sombra, paseándose entre los adoquines y las macetas, buscando el rayo de sol entre los rojos, verdes, amarillos, marrones, rascándose las uñas en el tronco de la glicina, sentándose sobre el banco de madera. Miré para el otro lado y vi el horizonte, allá, tan lejos, y yo acá, tan libre, tan nueva, tan llena de sensaciones y sabores y olores. Yo, tan yo de vuelta.


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